Opinión sobre un libro: Islas en la Red

La semana pasada concluí la lectura de un libro que me despertó la curiosidad el verano pasado y cuya lectura había tenido que postergar hasta ahora.  Se trata de Islas en la Red de Bruce Sterling.

Tanto el autor como el libro son dos iconos del movimiento literario conocido como Cyberpunk. En general este estilo literario viene definido por la sensación agobiante y desencantada que produce en los ochenta la conjunción del miedo al desarrollo desaforado de la tecnología y del enorme poder que atesoran las corporaciones transnacionales. Aquí se puede encontrar una descripción del movimiento como tal y de los principales ejemplos.

En mi opinión, Islas en la red supone un concepto más innovador desde el punto de vista económico y social que tecnológico. Esto es, la asunción de que la robótica se habría desarrollado hasta límites inalcanzables en torno al 2025 es algo que, hoy en día, parece hasta típico pero que resulta del todo desfasado.  Es cierto que se empieza ya a ver el afloramiento de tecnologías robóticas fascinantes, pero su desarrollo es tan paulatino que, aún hoy, resulta una licencia literaria pensar en vehículos y cubos de basura automáticos.

Sin embargo, sí que pienso que algunos de los conceptos definidos en el libro, como la democracia económica o la “red global” así como la psicosis permanente con respecto al terrorismo internacional, resultan, de algún modo, proféticos.

La descripción de un mundo en el que los estados nación, y por ende sus gobiernos, empiezan a mostrar agotamiento en la preponderancia que han tenido durante siglos se asemeja en cierto modo al concepto de descomposición.

Por otro lado, la descripción de una empresa como Rizome en la que “no tienen cargos ni trabajos sino cosas que hacer y gente que las hace”, me parece el concepto más importante de toda la novela.  Que un grupo de personas asuman que la persona encargada de garantizar su sustento es una misma y decidan tomar eso como una forma de vida… simplemente me embelesa.

Por indicar algo negativo, el constante agitamiento del fantasma de la guerra fría, aún cuando se sitúa la novela en 2023, resulta algo pesado y anacrónico para las personas que hemos crecido con el muro de Berlín derruído.

Como conclusión, indicar que se trata de un libro divertido y rápido de leer. Cuesta un poco engancharse, sobre todo sino eres un asiduo lector del género, pero luego Bruce Sterling encadena tantos momentos emocionantes que te quedas enganchado hasta el final.

Bola extra: Interesantísimo el descubrimiento de la doctrina Lwarence.

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